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by Martina

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Capítulo 1 La nutria que lo veía de lejos Había una vez una pequeña nutria que vivía tranquilamente entre sus libros, sus sueños y sus pequeñas aventuras. Un día, sin imaginar que algo especial estaba por comenzar, conoció de vista a otra nutria. Era un pequeño habitante de la facultad que, sin saberlo, comenzaría a despertar su curiosidad. Al principio, ella lo observaba de lejos. Le daba un poquito de vergüenza acercarse y no sabía muy bien cómo empezar una conversación. Así que, por un tiempo, se conformó con verlo de vez en cuando. Lo que nuestra pequeña nutria todavía no sabía era que aquel encuentro tan sencillo sería el comienzo de una historia llena de momentos, risas, besos y recuerdos que algún día querría guardar para siempre. Porque a veces las historias más bonitas no empiezan con grandes acontecimientos, sino con dos pequeñas nutrias que todavía no saben que están a punto de encontrarse.

Capítulo 2 Un encuentro inesperado Con el paso de los días, aquellas dos pequeñas nutrias comenzaron a coincidir un poquito más. Hasta que llegó un día especial: las olimpiadas de la facultad. Entre juegos, risas y movimiento, ocurrió algo que nuestra pequeña nutria no olvidaría: ¡terminó agarrando la mochila de aquel chico en unas escaleras! Quizás para cualquiera habría sido un momento insignificante, pero para ella era una de esas pequeñas escenas que, sin saber por qué, se quedan guardadas en la memoria. Y como si el destino quisiera darles otra oportunidad para acercarse, un día terminaron compartiendo un viaje en colectivo, sentados uno al lado del otro. Todavía estaban descubriéndose. Había timidez, curiosidad y muchas cosas que aún no se animaban a decir. Pero poquito a poquito, aquellas dos nutrias estaban dejando de ser dos desconocidos que simplemente coincidían por casualidad. Y aunque todavía no lo sabían, estaban escribiendo las primeras páginas de una historia que ninguno de los dos esperaba.

Cap3 Un mensaje que lo cambio todo Había llegado el 14 de diciembre y parecía ser un día como cualquier otro, aunque para una de nuestras pequeñas nutrias terminaría siendo una fecha muy especial. Después de una gran victoria de su querido equipo, Estudiantes, nuestra pequeña nutria encontró una excusa perfecta para hacer algo que quizás llevaba un tiempito pensando: escribirle a aquel chico que tanto le llamaba la atención. Y así, entre nervios, curiosidad y un poquito de valentía, apareció el primer mensaje. Quizás ninguno de los dos imaginaba lo que podía nacer de aquella conversación. No sabían cuántas charlas compartirían, cuántas sonrisas se regalarían ni todos los recuerdos que todavía les quedaban por crear. Y quién diría que un simple mensaje, enviado un día de diciembre, terminaría convirtiéndose en el comienzo de algo tan bonito.

Cap4 aveces los capítulos vuelven a encontrarse Después de tantas conversaciones, llegó aquella tarde en la que nuestras dos pequeñas nutrias se encontraron a solas. Compartieron una caminata, algunas charlas y un momento que quedaría guardado para siempre: su primer beso. Parecía el comienzo de algo muy bonito, pero nuestra pequeña nutria todavía tenía algunas dudas. No estaba segura de lo que quería y, por miedo o confusión, decidió alejarse. Por un momento, parecía que aquella pequeña historia había llegado a su fin. Pero hay historias que todavía tienen mucho por contar. Y así fue. Porque nuestra pequeña nutria no tardó demasiado en darse cuenta de que quería volver a intentarlo. No habían pasado ni 24 horas cuando decidió escribirle nuevamente. ¡A veces el corazón tiene sus propias ideas y no sabe esperar! Esta vez, los dos volvieron a encontrarse y comenzaron a construir algo juntos. No todo fue perfecto, porque ninguna historia lo es, pero fueron compartiendo días, risas, abrazos, besos y un montón de pequeños recuerdos. Y casi sin darse cuenta, aquellos dos pequeños habitantes de esta historia estaban llegando a los once meses de haberse elegido para compartir sus días. Lo que había comenzado con un mensaje, una plaza y un primer beso se había convertido en algo mucho más grande. Y aunque todavía quedaban muchísimas páginas por escribir, nuestras dos nutrias ya tenían algo muy bonito: una historia que podían llamar suya.

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