LOTSO Y LA PELOTA PERDIDA

Este cuento habla sobre como debemos aprender a controlar nuestras emociones cuidando nuestro cuerpo, alma y corazón y el de los demás.

by JENNIFER

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LOTSO Y LA PELOTA PERDIDA

Había una vez un osito llamado Lotso. Era suave, rosado y muy cariñoso, le gustaba jugar en el jardín con su pelota de muchos colores.

Lotso lanzaba la pelota hacia arriba: ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres! Después corría detrás de ella y reía: ¡Ja, ja, ja! ¡Qué feliz estoy!

De pronto, la pelota rodó muy rápido. ¡Rueda, rueda, pelotita! Rodó junto a una flor, pasó detrás de un árbol y... desapareció. Lotso miró a un lado, Miró al otro. Buscó debajo de una hoja. Pero no encontró su pelota. Su sonrisa desapareció y luego sus ojos se llenaron de lágrimas y su cuerpo se sintió pesado. Estoy triste Quiero mi pelota

Lotso deseaba llorar. Entonces recordó algo importante: estar triste está bien. Puso una patita sobre su barriguita y respiró despacio: Huelo una flor... uno, dos, Soplo una vela... uno, dos, Huelo una flor, Soplo una vela... Su tristeza seguía allí, pero ahora Lotso estaba más tranquilo. Puedo pedir ayuda - pensó.

Entonces llamó a su amigo Risas y le pregunto ¿Me ayudas a buscar mi pelota? Lotso buscó con calma Detrás del árbol, cerca de las flores. ¡La pelota estaba escondida entre unas hojas secas !¡Aquí estás! Gritó Lotso y Risas Abrazó su pelota y volvió a sonreír. Ahora siento alegría. ¡Estoy feliz

Lotso aprendió que no tenía que buscar solo. También podía pedir ayuda y pensar en distintos lugares donde podría estar la pelota. Después de encontrarla, invitó a sus amigos: ¡Juguemos juntos! Todos lanzaron la pelota, corrieron y rieron.

Lotso nos enseño que: Cuando pierdo algo, puedo sentirme triste. Puedo decir: "Estoy triste". Puedo respirar lentamente. Puedo pedir ayuda. Puedo buscar con calma. Y si no aparece, puedo elegir otro juego. Todas mis emociones están bien y pueden cambiar.

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