El juicio de la rosa

Margaery Tyrell descubre cómo el alcohol y la presión social afectan a los estudiantes, aprendiendo a tomar buenas decisiones y no juzgar a los demás.

Read the story text

El juicio de la rosa

Margaery Tyrell llegó a la academia de Desembarco del Rey lista para estudiar, hacer amigos y, si se podía, conseguir algún chisme interesante. Pero no sabía que entre fiestas, copas y dramas estudiantiles aprendería algo más importante que cualquier lección del reino.

Los estudiantes organizaron una fiesta y alguien gritó: —¡Hoy se bebe hasta que el maestro baile reguetón! Todos se rieron. Algunos decían que el alcohol los hacía más divertidos y otros bebían para no quedarse fuera. Margaery pensó: «¿Y si simplemente bailamos sin hacer el ridículo mañana?».

—¿No vas a beber? ¡Qué aburrida! —le dijo un compañero. —Y tú mañana no vas a recordar ni dónde dejaste tu dignidad —respondió Margaery. Todos soltaron la carcajada. Ella decidió no beber. No necesitaba una copa para demostrar que sabía divertirse.

Al día siguiente, varios llegaron a clases hechos polvo. Uno olvidó la tarea, otro no entendía ni su propia letra y otro preguntó si el examen era en Altojardín. —Qué risa, ¿no? —dijo Margaery. Pero detrás de las bromas estaban la falta de concentración y los problemas para recordar lo aprendido.

En la academia ya tenían etiquetas para todos: «el borracho», «la aburrida» y «el que nunca pasa un examen». Un día, una compañera confesó a Margaery que bebía porque se sentía sola. —Vaya, y nosotros creyendo que sabíamos toda la historia por dos chismes —dijo Margaery. A veces, detrás de una broma hay alguien que necesita ayuda.

La maestra de medicina les explicó que el cerebro todavía está madurando durante la juventud. —El alcohol puede afectar la memoria, la atención y el control de los impulsos —dijo. Un estudiante levantó la mano: —¿Y también explica por qué le escribí a mi ex a las tres de la mañana? La clase explotó de risa, pero la maestra respondió: —Las bromas pasan; las consecuencias, a veces, no.

Margaery propuso una nueva regla para las fiestas: cero presiones y cero burlas por decir que no. —Cada quien decide por sí mismo. Y si un amigo está mal, lo ayudamos, no lo convertimos en meme. Sus compañeros aceptaron. Descubrieron que podían divertirse, reírse y crear buenos recuerdos sin tener que demostrar nada con una copa.

Al final, Margaery aprendió que no hacía falta ser reina para tomar buenas decisiones. Porque beber no te hace más interesante, rechazar una copa no te hace aburrido y cometer errores no te convierte en una mala persona. Y como ella decía: —Que hablen de mi corona, de mis rosas o de mis vestidos… ¡pero que no decidan por mí!

Moraleja: «Tu cerebro no es un juego de tronos». Cuida tu mente, decide por ti mismo y no juzgues a los demás.

Sharing

Hint: Share your story using this link

Author's Storybooks

No stories here yet.